El movimiento #BlackLivesMatter está poniendo de manifiesto las grandes desigualdades y discriminaciones que sufre la gente de color. Y sí, esto también afecta al feminismo. El suelo pegajoso es un hecho en nuestra sociedad actual y una realidad para las mujeres racializadas.

El feminismo ha avanzado a pasos agigantados estos últimos años. Movimientos como el #MeToo o las manifestaciones multitudinarias del 8M han abierto el debate y las posibilidades de las mujeres en todos los ámbitos de su vida. Tanto personales como profesionales. ¿De todas nosotras? No. El feminismo que está extendido por nuestra sociedad aborda sólo una realidad. Tiene en cuenta unos intereses concretos (y particulares). Dejando a un lado un sin fin de vidas, de historias y vivencias. Un sin fin de mujeres.

Este es el feminismo blanco que muchos colectivos de mujeres racializadas rechazan. Un feminismo que hace de “cortina de humo”, que lucha por la liberación de un sólo tipo de mujer. Invisibilizando necesidades y derechos de otras menos privilegiadas. Así lo declara Desirée Bela-Lobedde (@desireebela) escritora del exitoso libro “Ser mujer negra en España”: “para las mujeres racializadas, ya ni es techo de cristal, es suelo pegajoso”.

Lo que este colectivo de mujeres defiende es que, siendo conscientes o no, sólo unas pocas mujeres, blancas en su mayoría, de un estatus social y económico privilegiado, han logrado llegar a equilibrar su vida laboral con su vida personal. Superando también el “techo de cristal” de muchos puestos de trabajo y límites impuestos por el patriarcado. No es que las mujeres racializadas no puedan sobrepasar ese techo, es que ni siquiera pueden optar a ello. Hay algo que las frena, paraliza y deja atrás.

Y es que, a lo largo de la historia, el feminismo y las mujeres (privilegiadas) han ido conquistando terreno a la desigualdad, a base de utilizar el trabajo domestico realizado por otras. Mujeres de otras razas, nacionalidades, costumbres, religiones e idiomas cuyo modo de vida queda relegado a los cuidados, trabajos del hogar o a la prostitución.  

“Para las mujeres racializadas, ya ni es techo de cristal, es suelo pegajoso”, Desirée Bela-Lobedde.

La mayoría de mujeres racializadas son migrantes que vienen a trabajar. Con poca formación y pocas facilidades para cambiar esa situación, sus únicas opciones para mantener a los suyos son trabajos que otras mujeres (blancas) no quieren hacer. Duros y mal pagados, las mujeres racializadas cuidan de hogares, mayores y niños que no son suyos. Liberando y ayudando así a las mujeres privilegiadas, para que sigan formándose y avanzando en sus carreras profesionales. Ese es el quid del suelo pegajoso: mientras la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue reduciéndose, la brecha salarial entre mujeres blancas y racializadas no deja de crecer.

Nuestra condición racial se caracteriza principalmente por la injusticia, la desigualdad y la discriminación”, así lo dice Rita Bosaho (@ritabosaho) Diputada del Congreso durante la XI y la XII legislatura, fue y sigue siendo la primera mujer negra en sentarse en la Cámara Baja en lo que llevamos de democracia en España.

Es hora de abrir este debate. Las personas BIPOC (Black, Indigenous and People of Color) siguen sufriendo discriminación racista pese a los avances y todas las luchas de estos años. Hasta dentro de los propios colectivos feministas. Tenemos que ser consciente de que el racismo no sólo existe en Estados Unidos, también se encuentra en España, en Europa, en el mundo entero. El racismo es inherente en la sociedad en la que vivimos.

No es que las mujeres racializadas no puedan sobrepasar ese techo, es que ni siquiera pueden optar a ello.

Por eso es importante dar espacio a esta conversación y debate para avanzar como sociedad por el buen camino. Porque una cosa está clara, la idea de que “en España no existe el racismo” es falsa. Sólo tenemos que interesarnos un poco, hasta simplemente buscando en redes sociales, para darnos cuenta de todas las vidas, historias y mujeres que sufren esta violencia racista cada día.


Ana Rodríguez Salinas

Amante del cine, la danza, el teatro y los buenos libros. Me encanta escribir sobre la Cultura, pero, sobre todo, aprender cada día un poquito más de ella