El otro día quedé con una amiga en Mariacastaña, un café de Malasaña que nos encanta. Porque un día está vacío y al otro lleno. Un día te encuentras a tu vecina y al otro a Peeta de los Juegos del Hambre. Y el caso es que, como hacía tiempo que no nos veíamos, dejamos caer nuestros traseros sobre dos de sus sillas, apagamos los teléfonos y pedimos una larga rastra de copas de vino que acompañaron a temas de trabajo, coronavirus, la crisis y el amor.

Temas independientes que nos hicieron levantar la voz. Hasta que llegamos al último, y como ya era tarde y la noche había caído, la conversación se volvió más intensa. Porque cuando te pones a hablar de amor, cariño mío, sabes cómo empiezas, pero no como terminas – y menos, cuando estás en confianza.

Nuestra conversación derivó en capítulos sin terminar, porque urbanitas… La vida y el amor han cambiado. Sin ir más lejos, hace 10 años todas soñábamos con un Mr. Big o un Chuck Bass en nuestras vidas, y si ahora lo vemos, aunque estemos a 20 metros, salimos corriendo. Porque verlos e incluso soñar con ellos en las series es una cosa, pero tenerlos cerca es otra historia. Y no es hipocresía, es el “amiga, date cuenta”.

Tener claro nuestros sentimientos y emociones no suele ser el titular de nuestras historias de amor en tiempos de Tinder – o de Instagram, que hoy en día, una liga y ni se entera

Sin embargo, nos dimos cuenta de que hay otras cosas que no lo han hecho, como el “ni contigo ni sin ti”. Porque seamos sinceras, urbanitas, el amor, cuando es correspondido, es una maravilla. Pero esa situación… Alerta spoiler: (casi) nunca sucede. Y cuando nos asaltan las dudas, entramos en territorio comanche. Nos volvemos locas, los volvemos locos y aquí se forma la Marimorena.

Tener claro nuestros sentimientos y emociones no suele ser el titular de nuestras historias de amor en tiempos de Tinder – o de Instagram, que hoy en día, una liga y ni se entera. Sentir incertidumbre y/o miedo (porque es miedo, urbanita, digas lo que digas) es normal. Pero controlarlo y sobre todo, no hacerlo… Puede convertirse en un problema.

¿La razón? Porque todo (y todos) tenemos un límite; y si mareas demasiado la perdiz, te quedas puesta y sin novio. Y nada de reclamar, urbanita. Ser caprichosa puede llegar a ser atractivo (y, de hecho, a algunos hasta les pone), pero una cosa es el tonteo y otra muy distinta es quedarte atascada en una relación de años que no va ni para adelante ni para detrás. Ahí tienes un problema.

¿Y cómo lo solucionas? Lo primero, dándole tiempo al tiempo. Si necesitas tiempo, pídelo. En las relaciones (y en el sexo), la comunicación es primordial para que todo funcione. No te dejes cosas en el tintero. ¿Tienes dudas? ¿Quejas? ¿Sugerencias? ¿Proposiciones indecentes? Dilas, y haz que tu piquito de oro sirva para algo más que para comerle la boca (o para querer comerle la boca en el caso que todavía no lo hayas hecho).

El problema es que la gran mayoría de las veces no queremos asumir lo que nos pasa

Pero ¿por qué nos pasa eso? ¿Por qué tenemos dudas y/o miedo? Explicaciones hay muchas. El problema es que la gran mayoría de las veces no queremos asumir lo que nos pasa.

Por ejemplo, hay personas que son dependientes emocionalmente de otras. Y prefieren quedarse como están. La relación puede ser tóxica, pero ellas y/o ellos van a seguir pensando “es que sin ella/él me muero” o “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Pues alerta, spoiler, urbanita: hay vida más allá de los lunares que has memorizado. Y algunos te sorprenderían más de lo que imaginas.

No se trata de actuar sin miedo, porque eso es imposible, se trata de actuar a pesar del miedo

Otras veces, el problema está en no asumir lo que sientes. Posiblemente, porque crees que estás confundida. Pero esa confusión no es otra cosa que atracción. Y entonces ¿qué haces? Pues hablar, urbanita. No te pases las próximas semanas, meses o años tratando que esa confuatracción te paralice. Porque no vas a poder avanzar. ¿Y si sois amigos? Pues eso que te llevas. Ni te imaginas la de historias que acaban sin ni siquiera haber empezado por idioteces como esta. Y nada de echarse para atrás… El momento perfecto no existe y la vida es demasiado corta para analizar cada punto y cada coma de vuestras indirectas por WhatsApp. No se trata de actuar sin miedo, porque eso es imposible, se trata de actuar a pesar del miedo. Además, “si os gustáis, pues liaros”. Haz que ese sticker sirva para algo. Y si sale mal, pues a otra cosa mariposa.

Y si lo que te sucede es que no piensas en otra cosa que no sea en “el estigma del soltero”, entonces vayamos por partes. Porque posiblemente te han enseñado o hayas aprendido (como a mí) que la vida está hecha para vivirla en pareja. Todo el mundo quiere encontrar a alguien porque a todo el mundo le da miedo “quedarse solo”, y por eso no dejan una relación hasta que conocen a otra persona que les abre la puerta de “Alicia en el país de las Maravillas”. Pero eso es un craso error. Principalmente, porque Alicia, en realidad, estaba drogada, y si tú no disfrutas de tu soledad, si no estás bien estando solo, nunca (jamás) lo estarás con otra persona.

En definitiva, urbanita, la vida y el amor son una movida. Y más sabiendo que después de cada encrucijada, siempre puede haber un precipicio. Pero equivocarse, dudar y tener miedo es humano. Y a pesar de que cada día nos esforcemos por demostrar que somos mujeres todoterreno – que, de hecho, lo somos-, ninguna muralla va a ganar la batalla que tenemos con nosotras mismas. Y sí, ser vulnerable es una mierda, lo sé; pero hay veces que ceder a tiempo es ganar la liga. ¡Y qué liga, chica!


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".