Ya hace más de un año que nos sorprendimos viendo la televisión mientras anunciaban la cuarentena obligatoria en todo el país. Pensamos que los estragos que supondría la Covid no durarían más de 15 días de nuestra vida. Y qué engañados estábamos.

Porque esos 15 días que nos anunciaron para estar aislados nos los tomamos como unas pequeñas vacaciones para poder desconectar de todo. Pensamos que incluso podría resultar hasta positivo para poder hacer esa limpieza de armario que tanto tiempo llevábamos posponiendo, o retomar ese hobbie que teníamos olvidado en el fondo del cajón.

Pero, los días fueron pasando. Y no ocurría nada. No salíamos. Dejamos de ser productivos. Y nuestras ganas fueron diluyéndose con el paso de las semanas. Entonces, ya solo nos quedó una cosa. Comenzamos a pensar en nuestra vida y empezamos preguntarnos si de verdad éramos felices antes del confinamiento o simplemente no teníamos tiempo.

«El problema del confinamiento es que al comenzar a pasar tiempo con nosotros mismos no nos gustó lo que vimos»

Todo parecía tener sentido antes de que apareciera la Covid. Nos gustaba lo que hacíamos. Estábamos motivados. Teníamos ganas de todo. Pero, en cuanto paramos durante esos tres largos meses y pensamos que nuestras preocupaciones se quedarían en casa el mismo día que salimos de ella, nos equivocamos.

Cuando pudimos salir y retomar nuestra vida, seguimos igual. Continuamos estando tan perdidos como lo estábamos hace unos meses. Y todo perdió el sentido. Lo que antes nos apasionaba ahora lo veíamos casi como una obligación. Nos hemos perdido de nosotros mismos y no sabemos cómo volver.

Es como el síndrome del campamento. Te vas durante varios meses de verano a un campamento y te lo pasas genial. Vuelves a casa y te tiras todo el año pensado en el próximo verano. En volver a repetirlo, pero mejor. Y entonces el momento llega. Pero, todo ha cambiado. Los monitores, la gente, incluso tus amigos están raros o tal vez eres tú el que ha cambiado. Y así, después de esperar varios meses pensando que todo volvería a estar igual que antes, te das la ostia. Y te das cuenta de que nada es igual. Y lo peor de todo es que no sabes si volverá a serlo en algún momento.

«Ahora más que nunca somos conscientes de lo que queremos. Y por eso, estamos perdidos. Porque por primera vez en el fondo de nosotros tenemos claro lo que queremos hacer con nuestra vida«

Y entonces solo te queda volver a pensar en esos días antes de que todo estallará. Esos días en lo que parecíamos felices, pero que nunca conseguimos serlo del todo. Porque el problema del confinamiento es que al comenzar a pasar tiempo con nosotros mismos no nos gustó lo que vimos. Y ahora estamos en proceso de cambiarlo, de cambiarnos. Porque el problema no es que antes fuésemos felices, es que nunca tuvimos tiempo de pensar verdaderamente lo que queríamos.

No estamos perdidos. Antes puede que sí. Pero, ahora solo ha empezado la cuenta atrás para convertirnos en lo que queremos, en quién deseamos ser. Porque antes no teníamos tiempo de pararnos a pensar en nosotros. Simplemente seguíamos la ruta que supuestamente debíamos tomar. Y como no teníamos ni puta idea de qué hacer con nuestra vida, seguimos el camino que nos estaban labrando.

Pero, ahora que el tiempo ha pasado. Estamos preparados. Ahora más que nunca somos conscientes de lo que queremos. Y por eso, estamos perdidos. Porque por primera vez en el fondo de nosotros tenemos claro lo que queremos hacer con nuestra vida y no puede acojonarnos más.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.