Si para muchos coger un avión se traduce en estrés, madrugones e incomodidades, otros están deseando volver a subirse a uno de estos pájaros de metal. En tiempos de Covid-19, ciertas aerolíneas ofertan “viajes” cuyo destino no es otro que el de partida. Es decir… Los nowhere flights.

La pandemia ha llevado a muchos negocios a tomar medidas que se amolden a la situación que vivimos. El negocio del transporte aéreo, así como el de los medios en general, no ha sido una excepción. Con los cierres de fronteras, limitaciones y restricciones de movimiento, etc, las compañías han recurrido a sus medidas más…imaginativas, una reinvención del turismo.

No es algo totalmente nuevo, pues ya se había dado en otras ocasiones, sin embargo, ahora lo promocionan más que nunca.

Son vuelos que despegan y aterrizan en el mismo aeropuerto, con el único fin de satisfacer el mono de viaje de sus clientes. La duración de los mismos varía desde la hora y media hasta incluso las siete horas y, en la mayoría de los casos, aunque dependiendo de la aerolínea, se preocupan por amenizar los viajes: desde volar lo más cerca del suelo posible para poder ver y disfrutar los principales puntos de interés del país que visitan, hasta calcular detalladamente la hora para poder cazar un atardecer perfecto.

Asia y Oceanía son los contentes que más están explotando esta iniciativa: Qantas, Singapore Airlines o All Nippon Airways entre otras. Además, no es el único modelo de negocio que se ha aventurado a esta clase de viajes, ya existen cruceros que sin atracar en ningún puerto ofrecen igualmente sus servicios de ocio y entretenimiento a bordo a los clientes que así lo desean.

A todo esto han surgido protestas por parte de grupos ecologistas y gente con responsabilidad medioambiental, diciendo que, entienden la situación y que haya que buscar nuevas maneras de rentabilizar los negocios, pero  que nada excusa un viaje en avión a ninguna parte, con toda la contaminación que eso supone. No hay justificación para este derroche de energía.


Celia MI