No sé si será una fantasía mía pero en mi cabeza no existe nada más apaciguado que recorrer un paseo marítimo medio desierto escuchando el rugir del mar. El sonido de las olas al romperse con la arena o las rocas es conciliador, capaz de calmar nuestro espíritu. Seguro que como yo, habitante de una metrópolis ruidosa como es Madrid, muchos consideran la costa como un paraíso terrenal (convergente de imaginación).

Incluso cuando el mar salvaje se escucha a kilómetros de distancia, la furia del agua es capaz de calmarnos, como si la corriente llevará unas dosis tranquilizadoras a nuestro cuerpo. Quién no se ha sentido maravillado por la inmensidad inabarcable del océano, dónde cielo y mar colindan. Las diferentes tonalidades que inundan el agua, al filtrar de forma prístina la luz convergente en colores turquesa, azules, verdes… o simplemente, el escuchar del agua caminar. Ese sonido, lo encuentro análogamente pero de forma menos profunda en las lluvias torrenciales noctámbulas, son las noches en las que mi alma verdaderamente descansa.

Evidentemente, este sentimiento por la mar ha sido descrito por multitud de escritores y artistas, cuya musa la han encontrado cerca de la orilla. Es el caso del pintor Jim Holland, que recoge en todos sus cuadros la soledad de la vida cotidiana: en una casa, en un paisaje… el mar también ha sido fuente de inspiración para su trabajo y lo ha retratado en numerosas ocasiones.

Sin dejar de lado a los pintores, es de sobra conocido, que Dalí veraneaba en Cadaqués, un pueblo costero teñido de blanco perteneciente a la costa brava y dónde encontraba la calma que necesitaba. Aquel sitio, era su cúpula particular, alejado de toda civilización solo se paraba a escuchar y mirar por la ventana las olas relucientes.

Cuadro de Dalí ubicado en Cadaqués.

Por otro lado, escritores han intentado abarcar en palabras lo que es el mar. Benedetti sería un ejemplo del que describe el mar como fuente de paz, uno de sus poemas comienza así:

“¿Qué es en definitiva el mar?

¿por qué seduce? ¿por qué tienta?

suele invadirnos como un dogma

y nos obliga a ser orilla”

Mario Benedetti.

Neruda también lo describió en su poema El mar:

“Necesito del mar porque me enseña:

no sé si aprendo música o conciencia:

no sé si es ola sola o ser profundo

o sólo ronca voz o deslumbrante

suposición de peces y navíos”.

Pablo Neruda.

El mar no es solo agua, arena y peces; aúna sentimientos generalizados, instruye el alma y nos hace ser pacientes. Por eso, cuando llega el verano nuestro primer antojo es presenciar las orillas y nadar abrazando el agua. Me gustaría terminar con la cita de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami: “El mar le parecía una de las cosas más maravillosas que había visto hasta entonces. Era grande y profundo, mucho más de lo que hubiera podido imaginar. Cambiaba de color, de forma, de expresión según la hora, el tiempo y el lugar”.  


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?