Gran parte de las ventas de los perfumes dependen del acierto en la elección del embajadores. Las ventas de una fragancia pueden llegar a incrementar un 20% según el modelo que la represente. Si un aroma tiene cara, su capacidad embaucadora se multiplica. 

Si hay un producto que necesita el apoyo de una imagen, es el perfume. Por eso las marcas apuestan por modelos que lleguen a ensalzar los valores de su empresa, y estén en total sintonía con el público al que se dirigen. 

El consumidor demanda figuras no impostadas, quieren verse reflejados en seres de carne y hueso con preocupaciones y alegría cotidianas e inspirarse en su estilo de vida, en definitiva, iconos. La industria del perfume ha captado este mensaje y lo plasma en sus campañas de publicidad, contratando un tipo de modelo muy ligado a las características que quieren representar con su producto. 

Diversos estudios demuestran que el consumidor está dispuesto a pagar más y elegir un perfume de lujo con una embajadora o embajador de renombre, sobre todo si el comprador es masculino y el perfume es para regalar. Las estrategias de recomendación de productos son fundamentales para llegar al posible cliente, al consumidor no le interesa lo que digan las marcas, le interesan las recomendaciones personales. 

Los embajadores no solo recomiendan el producto, en este caso el perfume, sino que además aportan visibilidad extra y dotan a la empresa de mayor confianza por parte de los usuarios, ya que es un usuario personal el que hace dicha recomendación. 

Si desglosamos la historia del perfume, Isabella Rossellini se puede considerar la primera cara asociada a un perfume, Rosellini fue rostro del perfume Trésor de la firma Lancôme durante años. Inés Sastre, Kate Winslet o la mismísima Penélope Cruz han sido algunos de los rostros conocidos que han dado imagen a las distintas versiones del perfume.  

Julia Roberts, lleva años colaborando con la cosmética de Lancôme, su rostro ya se asocia directamente con La vie est Belle, la propia directora general de la marca afirma que el frasco del perfume tiene nombre propio. 

Otro rostro que se puede asociar directamente con el frasco de un perfume, es el de Charlize Theron, la actriz es la musa de J’adore de Dior, la propia firma la presenta como la esencia personificada, una diosa empoderada de oro. 

Los hombres no se quedan atrás, Armani apuesta por Hollywood, Ryan Reynolds o Chris Pine han sido algunos de los rostros embajadores de la firma italiana. No podemos acabar este breve resumen de algunos de los rostros más conocidos en el mundo del perfume, sin nombrar a Nick Youngpest imagen de Invictus, el perfume de referencia de Paco Rabbane.

Sin duda, los perfumes no solo son ingredientes que los conforman, también cuentan con un complejo diseño, el envase. Ya hemos hablado de la importancia de un buen embajador, pero el packaging también es fundamental para la estrategia de ventas. La identidad del perfume está también en su envase, sabemos identificar un perfume por su envase, y las marcas explotan este criterio al máximo.  

El envase puede resultar más costoso que producir el propio producto, además el mundo del envase está sometido a una constante evolución, ya que se utiliza para destacar sobre los demás, e intentar conectar con el consumidor con rapidez.  

Como hemos podido comprobar, el perfume no es sólo unos ingredientes que agraden el olfato, sino que cuenta con una especie de lenguaje propio. Desde el envase, hasta el rostro que lo va a representar deben ir en consonancia y respetar los valores de la marca. 


Olga Juárez

Periodista y documentalista, dispuesta a aceptar nuevos retos y a adaptarme a cualquier cambio que me haga salir de mi zona de confort.