callarnoscuando toca

Y no solo eso, sino que tampoco sabemos continuar una conversación cuando es necesario.

La buena noticia es que, si creías que eras la única persona a la que le pasaba esto, estás equivocada. Le pasa a todo el mundo. La revista de divulgación científica Scientific American lo ha demostrado en este artículo.

Para comprobarlo, Scientific American dividió a 252 sujetos en parejas, con la única norma de hablar entre ellos sobre lo que quisieran durante un tiempo máximo de 45 minutos, pudiendo parar cuando les apeteciera, incluso en el minuto tres. Tras analizar los resultados, concluyeron en que solo el 2% de las conversaciones terminaron en el momento en el que las dos personas querían que terminase.

No sabemos callar cuando, en realidad, es lo que queremos

Es decir, que no sabemos callar cuando, en realidad, es lo que queremos y lo que, seguramente, nuestro interlocutor también quiera. Seamos sinceros, mantener una conversación no es tan fácil como pensamos. Llega un momento en el que quizá no quieres hablar más, pero la persona que tienes enfrente continúa hablando tan ilusionada que, ¿cómo le vas a decir “Oye, cállate”?

O al revés. Eres tú quien quiere seguir hablando. Quizá la emoción hace que no te des cuenta del gesto de tu interlocutor. Sí, ese gesto de aburrimiento, en el que se le arruga el entrecejo y su boca comienza a dibujar una mueca de bostezo. Y eso suponiendo que estés hablando de algo bueno.

¿Cuántas veces has comenzado a hablar enfadada y te has dado cuenta de que no podías parar? Es lo que ocurre con la rabia. Nos inunda por completo y somos incapaces de dejar de soltar barbaridades por nuestra boca. ¿Por qué no sabemos callarnos en ese momento? Resulta que, cuando nos enfadamos, se dispara la frecuencia cardíaca, la tensión arterial y la producción de testosterona, según un estudio publicado por la revista Hormones and Behavior. Esto nos provoca una adrenalina que nos induce a seguir hablando, incluso gritando, aunque hayamos dejado de decir cosas con sentido hace mucho tiempo.

Vivimos en el siglo en el que parece estar de moda no decir lo que sentimos pero, a la vez, somos la generación que no quiere callarse nada

Lo cierto es que existe algo paradójico en toda esta situación: vivimos en el siglo en el que parece estar de moda no decir lo que sentimos pero, a la vez, somos la generación que no quiere callarse nada y que quiere cambiar el mundo con sus palabras.

Quizá deberíamos empezar a ser más naturales. Poder estar callado junto a una persona con total confianza es una de las mejores sensaciones. Decir “no tengo ganas de hablar” no es malo. Tampoco lo es decir “te voy a contar esto porque me ilusiona y quiero que me escuches”. Y que te escuchen. Y escuchar.


María Galán

Aunque el futuro dé miedo, vive cultivando las ganas. Mis ganas se centran en el periodismo y, aunque la vida da muchas vueltas, las ganas por saber a donde me llevarán esas vueltas siempre son mayores.