Coges el móvil para ver la hora y acabas entrando en redes sociales como WhatsApp, Instagram, Twitter, otra vez WhatsApp, de nuevo Instagram, echas un vistazo a Facebook y a Tik Tok, regresas a Twitter y vuelves a bloquear el móvil y encima sin saber qué hora es.

Y esta es la rutina cada vez que desbloqueamos el móvil. Parece impensable cogerlo sin si quiera echar un pequeño vistazo a las redes sociales. Estar conectado es imprescindible. ¿Pero por qué tenemos esa necesidad?

Uno de los motivos que podría explicar nuestro comportamiento serían las notificaciones. Al igual que cuando éramos pequeños y hacíamos las cosas bien y nuestros padres nos recompensaban, con las redes sociales pasa lo mismo. Identificamos las notificaciones como recompensas por haber compartido un post que haya gustado a la gente.

Así, cada vez que recibimos una nueva notificación en las redes sociales, nuestro cerebro libera dopamina. “La dopamina es la hormona que se relaciona con el placer, está se segrega en el núcleo acumbens que es el encargado del sistema de recompensa. Cuando llevamos una actividad placentera se libera esa hormona provocando una sensación de placer” explica la cuenta de psicología de Instagram @letstalk.psicologia.

«Los cánones de belleza se acentúan en las distintas plataformas que consumimos»

El objetivo de las redes sociales es mantenernos conectados el máximo tiempo posible. Y lo consiguen a la perfección. Debido a los algoritmos de distintas plataformas como Youtube se crea el denominado “efecto madriguera”. Cada vez que terminamos de visualizar un video, a no ser que pulsemos el botón de cancelar, nos reproduce a continuación otro relacionado con el anterior y así sucesivamente.

Un sinfín de vídeos que pueden afectar al desarrollo diario de una persona. “Esta situación favorece a la procrastinación lo cual dificulta la organización y el llevar a cabo una tarea concreta. Además favorece del mismo modo al “enganche” de contenido visual” comentaba la cuenta sobre el “efecto madriguera” y sus posibles repercusiones en el ser humano.

Aún así, la obsesión por las redes sociales puede llegar a ser perjudicial. Los cánones de belleza se acentúan en las distintas plataformas que consumimos. Lo que provoca conductas poco sanas, ya que intentamos de un modo u otro intentar obtener la vida, el físico… de los perfiles que seguimos en estas redes sociales.

«Perdemos nuestra propia privacidad puesto que la necesidad de conseguir likes y seguidores provocan un aumento del contenido hasta el punto de subir vídeos y fotos con nuestra localización»

“Los cánones de belleza se acentúan puesto que las redes sociales son el recurso más utilizado actualmente, como antes era el caso de la televisión o las revistas. Los perfiles que más seguidores acumulan y cuyos posts que más likes obtienen son aquellos que tienen un físico de constitución más delgada y que llevan una “vida sana”. Nuestra dependencia a ello tiene que ver con el refuerzo que representan los likes que nos provocan querer obtener más” explica @letstalk.psicologia.

Además, este agujero negro de las redes sociales puede llegar a coartar nuestra privacidad. Al estar constantemente compartiendo posts y al observar la cantidad de likes y seguidores que obtenemos se crea en nosotros el deseo de seguir compartiendo más.

“Perdemos nuestra propia privacidad puesto que la necesidad de conseguir likes y seguidores provocan un aumento del contenido hasta el punto de subir vídeos y fotos con nuestra localización, familia… Es una irresponsabilidad sobre la propia intimidad y hay poca concienciación al respecto” explicaba la cuenta especializada.

De este modo, las redes sociales provocan una necesidad de compartir nuestra vida constantemente. Intentan crear cierta presión en las personas para que usen sus plataformas. Hasta el punto de que la sugerencia misma de dejar las redes sociales sea impensable.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.