Alguna que otra vez se ha hablado con un desconocido con más tranquilidad que con cualquiera del círculo más próximo. Por surrealista que parezca, no carece de sentido. De hecho, a todo el mundo le ha pasado en varias ocasiones.

Los bares, los baños de la discoteca, la cola de un concierto y hasta esperando el turno para el cajero. Lo de los baños de las discotecas llama la atención, ya que son las conversaciones más profundas y random que puedan existir. Al día siguiente no se va a recordar, (aunque a veces sí) quizá por eso abrir la boca cuesta menos trabajo.

El alcohol influye en esto. El buen humor también. La sensación de que todo el mundo es tu amigo y te comprende a ti más que a nadie es una ley no escrita que nos va a tocar vivir en cualquier momento, urbanita. Pero, ¿por qué esa facilidad?

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#No ser juzgados: por favor y gracias

A nadie le gusta ser juzgado. Pero todo el mundo lo hace sin querer y queriendo. Hay algo, en cambio, que sí gusta y no va desencaminado: sentirse prejuzgado cuando sabe que quien lo hace no acabará teniendo razón. Remarcar esto es interesante, porque es una realidad. Si se sabe que quien nos tacha de algo rápidamente suelta datos erróneos, veremos cómo se atraganta con sus palabras.

El caso es que cuando hablamos con algún extraño por primera vez y nos transmite buena vibra, paz o hasta una ligera confianza, nos da igual que sepa algo que nos ha acontecido en nuestra vida. También nos da igual recibir información por su parte. No le conocemos, no podemos juzgar. Y como sabemos que es alguien muy ajeno a nosotros, nos da igual qué pueda llegar a pensar de nosotros porque no lo vamos a volver a ver.

Quien no nos conoce, no tiene datos ni información suficiente para saber cómo somos y confeccionar un juicio sobre nuestro yo. Además, ¿te vas a molestar por lo que pueda pensar de ti alguien que has conocido hace escasos minutos?

#La autonomía de la opinión: be careful

Somos seres que como religión tenemos lo instantáneo, lo rápido. Si nos aburre, nos vamos. En ese instante de aquí y ahora con personas que no nos conocen, lo último que nos paramos a hacer es sacar conclusiones precipitadas. Y esa energía se nota. Si se sabe que no lo vamos a volver a ver, una buena conversación, cruzar risas y despedirse es más que suficiente.

Hablar determinados temas con personas muy cercanas a veces resulta hasta incómodo. No por desconfianza, más bien todo lo contrario: por el abuso de la misma. Alguien que tiene plena libertad de aconsejarte, opinar de tu vida o decisiones y que posee franqueza contigo, puede hacer sin darse cuenta que su respuesta sea lo más parecida a un juicio. Que no es su objetivo, pero el abuso de confianza otorga este permiso de opinión (y porque nosotros previamente se lo hemos concedido).

Opinar es algo bonito. ¿Por qué no? El libre albedrío de jugar con las palabras para hacer magia de la comunicación, mostrando qué nos gusta, qué no… Es increíble. Si tenemos derecho a opinar y a darnos a conocer, hay que usarlo. Aunque intentar no dañar a los demás con nuestra opinión es un plus. Hay mil formas de decir lo mismo sin ofender.

#Un desconocido es un desconocido: fin

Verdaderamente, hay muchos motivos por los que hablar con personas desconocidas. Además de alegrar tu día, sociabilizas, que está muy bien. Esperar una cola es más ameno cuando hay alguien agradable que se ha fijado en ti y quiere entablar una conversación. Aunque sea en la carnicería del súper de abajo.

Los BlaBla Car, ¿sí o no? Podríamos a haber empezado por aquí, pero no habría tenido más explicación. Si has viajado en el coche de un extraño, habrás experimentado esto de lo que hablamos. Personas diferentes, desconocidos entre todos, hablando de sus vidas, trabajos, estudios… A veces hay bromas, otras se ponen de acuerdo para la música.

Bajo mi opinión, brevemente diré que me encanta. Siempre han sido experiencias interesantes, curiosas y hasta divertidas. Hace poco leí a Rocío Carmona para La Vanguardia hablando sobre relaciones y me dejó pensando en este asunto. Citarla a ella es el cometido de la reflexión final:

«Y sin embargo, a pesar de los riesgos, a pesar de las equivocaciones que cometemos todo el tiempo, no puedo evitar pensar que todos mis amigos y parejas fueron un desconocido un día. Como los de usted. ¿Se imagina lo diferente que sería la vida si no nos hubiéramos acercado a ellos aquella primera vez?»

Arriesgar, vivir y dejar vivir, la conciencia tranquila, nutrirnos de cultura y de alguna que otra charla con un desconocido es sinónimo de tenerlo todo hecho. Date una oportunidad, urbanita.


Carla Pérez Martínez