chica joven blanco y negro hablando de sugar daddy

La primera vez que sentí atracción por un hombre que iba besarme le hice la cobra. Lo sé. Me arrepentí al instante, lo juro, pero cuando fui a darme cuenta de lo estúpida que había sido, ya era tarde. La magia se había roto. Y tendríais que haberlo visto. Era guapísimo. Tenía los ojos verdes, la tez ligeramente bronceada y sabía hablar como ningún otro chico de su edad. Cada vez que me acuerdo de,—llamémosle A—, pienso… “¡Imbécil!”. Y sé que no merece la pena echar la vista atrás, pero es que vosotros no visteis a A. No tenéis derecho a juzgarme, no estabais allí. Ambos sabíamos que la relación no iba a tener futuro, pero ¡¿y qué?! Era mi primer beso, iba a ser como en una película romántica, me gustaba, ¡y le hice la fucking cobra! Además, sé que este detalle no importa, pero ahora A es millonario y yo estoy aquí escribiendo sobre tíos como él con un sueldo francamente mejorable. Así que, Carrie Bradshaw 1, Lauren Izquierdo 0.

Aquel día me di cuenta de que las primeras veces no iban a ser como yo pensaba. Cuando era adolescente me encantaba leer los consultorios de revistas como Super Pop! o Bravo. Casi siempre los leía en voz alta rodeada de todas amigas, no faltaba ni una, era un precioso ritual —y un poco sectario, la verdad. Pero juntas fantaseábamos con la idea edulcorada y completamente sacada de contexto de cómo serían todas y cada una de nuestras primeras veces. Teníamos amigas mayores que nos contaban sus experiencias, pero nosotras preferíamos (obviamente) hacer comparativas con series y películas como Camp Rock, High School Musical, Princesa por Sorpresa, Hannah Montana y Los Magos de Waverly Place. ¡Eran mucho más románticas! Así que tampoco creo que haga falta que os explique en qué se parecieron al final.

Además, para más inri, mis amigos dicen que soy la chica cliché de las comedias románticas. En fin, cuesta llevarles la contraria cuando me han salvado de que me atropellara un coche, de que me cayera a las vías del tren, cuando me han invitado a cenar junto al mar, a dar un paseo por las calles de Madrid; cuando me han llevado a un teatro vacío porque tenían las llaves, he bailado bajo la lluvia e incluso una vez me llevaron a cantar a un karaoke que olió a pis hasta el segundo Martini. Además, soy Tauro, por lo que soy provocadora y encantadora por naturaleza. Soy capaz de hacer que te preguntes cómo has sobrevivido en este mundo cruel sin mí, pero primero te recomiendo que me invites a comer, que saques un buen vino y que no esperes a que tome la iniciativa si no me has estimulado lo suficiente.

Con esto quiero decir que, aunque viva historias que luego cuento en todas mis fiestas, artículos y libros porque capitalizar sentimientos es un mood y es el mío, al final acabaré con el típico vecino de toda la vida. Así que, vecino guapísimo del tercero, puede que todavía no me sepa tu nombre, pero ya puedes ponerte las pilas. Porque mi vida amorosa es como Friends, y si no tengo un destino como el de Jennifer Aniston y David Schwimmer, por lo menos quiero un Emmy.

«Todos los momentos y todas las vivencias por las que paséis en la vida se reducen a eso: al amor y a la angustia»

Dicho todo esto, voy a romper una lanza a favor de las primeras veces, porque la primera vez que sentí lo que era el amor, aunque no sabía que era amor, fue cuando vi a mis padres por primera vez. No tenía ni idea de qué era el mundo, no sabía respirar, caminar, comer, ni siquiera pensar, pero ya estaba amando. Porque, al final, el primer sentimiento que experimenta el ser humano nada más nacer es la angustia de no saber qué cojones está pasando a su alrededor y el amor. Realmente, todos los momentos y todas las vivencias por las que paséis en la vida se reducen a eso: al amor y a la angustia. Heavy. Pero una vez más, Samantha Jones tenía razón.

«Hay veces que las primeras veces siempre son primeras veces»

Desde que nacemos, estamos destinados a vivir multitud de primeras veces. Algunas las idealizarás como se tiende a idealizar experiencias que acabarán siendo torpes, graciosas y accidentadas, —aunque espero por tu propio bien que no rechaces a un chico que acabe siendo millonario—. El primer beso, tu primera vez o la primera vez que te rompan el corazón. No obstante, y a pesar de que pienses y te sientas increíblemente preparada para algunas de esas primeras veces, en otras ocasiones no lo estarás. Es que ni te las verás venir.

Yo no estaba preparada para que mi padre me soltara cuando me quitó los ruedines de la bici tras haberme prometido que no lo haría. Tampoco estaba preparada para decirle a una persona a la que consideraba mi amiga que ya no podíamos seguir siéndolo, ni para suspender un examen de matemáticas con un 4,97, y mucho menos para que me rechazaran, pero a veces, la vida te sorprende con primeras veces que no esperas que sean así. Y las superas, aunque duelan.

«Cuando nos dejamos llevar por los sentimientos, lo que verdaderamente estamos haciendo es mostrar la parte más real, auténtica y humana de nosotros mismos»

Es cierto que, en algunas ocasiones, por mucho que te sientas o no preparada, nunca llegarás a acostumbrarte. Hay veces que las primeras veces siempre son primeras veces. Enamorarse, la primera cita, las mudanzas, la primera vez que mires a alguien a los ojos y sientas que es tu hogar… Tampoco te vas a acostumbrar a ciertas cosas como que se muera un familiar, que pierdas algo que era importante para ti, o que te rompan el corazón, porque eso siempre duele. En el corazón o en el ego, pero siempre es duro.

No obstante, quien quiere vivir, tiene que aprender a fluir y a dejarse llevar ante experiencias nuevas o no tan nuevas. Cuando nos dejamos llevar por los sentimientos, lo que verdaderamente estamos haciendo es mostrar la parte más real, auténtica y humana de nosotros mismos. Y qué bonito eso, ¿no? Qué bonito sería vivir la vida con los ojos de nuestras primeras veces.

«Qué bonito sería vivir la vida con los ojos de nuestras primeras veces»

Ojalá podáis llenaros de experiencias. Ojalá tengáis anécdotas e historias locas para aburrir. Ojalá viváis cada minuto de vuestra vida como si fuera el último. Sin límites. Con pasión, amor y quizás con algo de angustia. Porque al final, no sé vosotros, pero yo solo le pido a la vida que siempre me deje con ganas de más. Eso, y que el mundo nos llene a todos de multitud de primeras veces.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".