Creo que no voy a ser capaz de hablar de esto sin sonar un poquitín despiadada, pero es que no podemos negarlo. No sé a quién se le ocurrió la idea de edulcorar hasta la indigestión los principios y todas aquellas primeras veces. Pero por favor, seamos realistas. Porque… ¿Que los principios son bonitos? Mis cojones.

No sé ni por dónde empezar. Vale, pues quizás por ser sincera. Mi película favorita es Notting Hill, creo que todos hasta ahí lo entendemos. Es más, Espinas de Terciopelo habla por sí solo, pero mi lista de películas favoritas es tan larga, que no tenemos ni el tiempo ni los caracteres como para hablar de todas ellas. No obstante, y dentro de mi TOP 5, tengo a One Day, una película que ya os recomendé en artículos como Más que amigos y En defensa del amor (de verano) —como se nota que el periodismo digital nos anima a indexar—. En esta peli, Dexter (Jim Sturgess) y Emma (Anne Hathaway) son dos personas que se enamoran, pero su historia está tan truncada y se encuentran tantos baches por el camino que incluso sientes lástima por ellos. Es una película preciosa que te desarma y donde el final te pisotea hasta que vuelves a reaccionar por pura inercia. Pero también os digo que es una película tan fiel a la realidad que deja en evidencia cualquier otra historia de amor. 

Tiempo después, habiendo vivido grandes amores como los de Ted, Mr Big y Jughed (hoy el día va de que os pongáis al día con mis artículos, coño) me pongo a reflexionar en por qué creí y en por qué nadie me dijo que los principios son de todo menos románticos, armónicos y sencillos. 

«¿El primer beso? El más torpe de todos. ¿Las primeras conversaciones? Atropelladas, sin sentido y llena de cosas banales por tratar de evitar la realidad. ¿La primera vez? Más de lo mismo. No hay sincronía, los cuerpos no encajan y las expectativas no se cumplen»

¿El primer beso? El más torpe de todos. ¿Las primeras conversaciones? Atropelladas, sin sentido y llena de cosas banales por tratar de evitar la realidad. ¿La primera vez? Más de lo mismo. No hay sincronía, los cuerpos no encajan y las expectativas no se cumplen. Hay algo en ti que dice: “tiene que haber algo más, porque si esto es lo que me han intentado vender toda la vida que es el amor y la atracción sexual, ahora entiendo a Carrie cuando dijo hay personas que no están destinadas a amar”. 

Entonces, no muy ilusionada, quizás aturdida y un poco ansiosa por saber si esto es lo que te espera toda la vida, llegan las segundas veces. Y las terceras. Y las cuartas, y las quintas… Y a partir de ahí, todo mejora. Porque de forma inconsciente, aunque creas que todo y nada tiene sentido a la vez, buscas volver a revivir ese instante hasta que te das cuenta de que no puedes vivir sin esa sensación. 

«Aunque creas que todo y nada tiene sentido a la vez, buscas volver a revivir ese instante hasta que te das cuenta de que no puedes vivir sin esa sensación»

Factores como la novedad, la atracción, el interés, la curiosidad y la ilusión arropan todas esas acciones a medio hacer que terminan siendo verosímiles, sincronizadas, bonitas y muy sexis. Pero todavía no hay amor o quizás sí, pero ese sentimiento romántico, idealizado y casi platónico que venden las películas y los libros y que surge tan solo con un beso o con un primer polvo sin sudor ni comunicación no es real. El amor surge con el tiempo, a destiempo y también con desniveles. El amor es un sentimiento maduro, una experiencia que nace de forma inesperada, que asusta y que aparece cuando la casa ya tiene unos cimientos sólidos y está preparadísima para que te pongas a poner alfombras. Y aun así no siempre está a la altura de lo que uno cree. Al menos no todo el tiempo o no toda tu vida.

«El amor surge con el tiempo, a destiempo y también con desniveles»

Tu primer beso o tu primera vez no fueron bonitos, fueron una mierda. Lo que pasa es que los primeros besos y las primeras veces nos gustan, pero con perspectiva, claro. Sonreímos cuando nos acordamos y los recordamos con ternura por la vergüenza que sentimos, por lo que nos costó congeniar o porque simplemente pasa a formar parte de nuestra cartilla de experiencias, que aprovecho para deciros que da igual cuando la llenéis y que da igual cuándo marquéis esa dichosa casilla. Anécdotas vais a tener igual. Ahora parece que hay una terrible obsesión por vivir experiencias emocionales. Qué ansiedad, Dioh míohhhhhhhhh. Enfrentarse a ello cuando venga ya es suficiente, creedme. 

No obstante, rompo una lanza en favor del cariño con el que tiempo después se admira ese momento incoherente, inexacto y siempre insuficiente. El romanticismo, el interés por el otro, el respeto, el sentimiento de pertenencia, y el hecho de sentirse bien con una misma y con la persona implicada, a pesar de los baches o a pesar del hecho de que los comienzos son un coñazo, ya es otra cosa. Porque ese es el amor con el que nos tenemos que quedar. 

«La vida y el amor a veces no van a la par. Y nos castigamos innecesariamente con esta idea absurda de encontrar a alguien para toda la vida»

No hay que obsesionarse con encontrar “el amor de tu vida”, porque no vas a saber si lo es hasta que estés en el lecho de muerte y hagas balance. La vida y el amor a veces no van a la par. Y nos castigamos innecesariamente con esta idea absurda de encontrar a alguien para toda la vida, por muy edulcorado, nostálgico y aspiracional que suene. Quizás, esa persona que crees que es el amor de tu vida no lo es. Pero ¿y qué? Habéis superado juntos la torpeza de las primeras veces, os habéis acostumbrado a su forma de besar o su forma hacer el amor. Os hace felices. Os gusta cómo os mira. Os gusta cómo os hace sentir y mogollón de aspectos que yo desde aquí soy incapaz de adivinar.

Quedaros con eso. Quedaros con historias reales, no con relaciones aspiraciones. Apostad por historias como la de Dexter y Emma, y olvidad que la vida intenta vendernos que las relaciones son como en Love Actually. Porque no lo son. Lo único que tienen en común es que te das cuenta de que, en las relaciones, no importa que los principios no sean bonitos o que no estén a la altura de una comedia romántica, lo único que verdaderamente importa es que los sentimientos no sean mediocres. Porque eso sí, no se me ocurre nada peor que el amor mediocre.


Lauren Izquierdo

Directora de Status of Empire. Silencio es mi primera novela. ¿Mi mantra? "In order to be irreplaceable one must always be different".