Unas semanas atrás, una amiga me contó que una conocida le había confesado durante una noche con exceso de alcohol que ella “no sabía estar sola”. Esta chica en cuestión lleva teniendo pareja desde que era muy muy joven, y entre pareja y pareja no ha pasado apenas tiempo, e incluso, tristemente, varias parejas las había solapado. 

Esto me hizo replantearme seriamente qué lleva a una persona a vivir así, con la necesidad constante de depender emocionalmente de una pareja. La necesidad de tener al lado siempre a una persona: que creas que tu vida vale menos o no se disfruta igual si no se tiene una pareja. Porque ese es el problema, el tener que depender emocionalmente de alguien.

Y vaya, qué mierda que la sociedad nos haya metido ideas tan incorrectas en la cabeza

Puedo decir que tengo la suerte de tener una madre que me educó fuerte e independiente, y con la capacidad de decidir si quiero estar sola. Sé disfrutar de mi soledad. He amueblado (o eso creo) mi cabeza de forma que puedo vivir mi vida de manera independiente, siendo feliz compartiendo mi tiempo con familiares, con amigos… y mi vida es tan plenamente válida y feliz como aquellas personas que cuentan con una pareja a su lado. 

Soy consciente de que aprender a disfrutar de esa “soledad” no es fácil. Al igual que todo lo contrario: hay gente tan celosa de su independencia que no ve su vida más allá de eso. Que se encierra en su cabeza y en la también incorrecta idea de que la vida solo es feliz cuando se está solo.

La clave es encontrar ese equilibrio y saber diferenciar entre el querer y el necesitar

Y habrá épocas en las que esa llamada “soledad” te consuma por dentro, y otras épocas en las que prefieras eso, porque tu salud mental te lo pide. La clave es encontrar ese equilibrio y saber diferenciar entre el querer y el necesitar.

Y no me malinterpretéis… Querer tener una pareja no es malo, sino al contrario: es maravilloso. Y cuando eres capaz de disfrutar de tu soledad junto con una persona, eso ya es el cielo en la tierra. Pero hay que aprender antes que una pareja no es algo que se necesite, sino algo que surge. Es decidir compartir esa independencia con una persona. Es disfrutar de la libertad con una persona que no te corta las alas, sino que te acompaña en el vuelo. Y no te acompaña porque lo necesites, sino porque quiere hacerlo. Y tú eres feliz con esa compañía.