amor

Es difícil escribir sobre amor cuando a Samuel, uno de los tuyos, le han asesinado por eso mismo, por amar libremente y ser homosexual. Este artículo es en su honor y en el de todos aquellos que han sufrido y sufren agresiones por LGBTIfobia. Porque lo que gritan mientras te matan sí importa. Que mi sexualidad no sea el motivo de mi muerte.

El amor, eso tan bello e idealizado por los cuentos infantiles, las series, Hollywood y sus películas e incluso por la religión. Eso que todos adoramos ver, o bueno, igual no todos si nos referimos a algo fuera de lo “normal”. El amor solo es válido si se trata de un amor cis-hetero-normativo parece ser. Aunque el mundo esté “avanzado”, hoy en día en 69 países se criminaliza el amor, en 10 hay pena de muerte por amar, y en el resto, gran parte de la población te discrimina por tener pareja. Sí, estamos hablando de personas LGBTI, pero estamos hablando al fin y al cabo de amor. ¿O es que acaso un amor es más bueno, decente y válido que otro? Parece ser que para muchos sí, ya que si tienes amor siendo heterosexual eres afortunado, y si eres homosexual, como Samuel, puedes acabar asesinado.

Primero nos roban la infancia y la adolescencia, ahora quieren robarnos la vida

Las personas que pertenecen al colectivo LGBTI son señaladas como maricón, bollera, marimacho, sarasa o trucha desde antes incluso de saber que significan esas palabras con las que sus compañeros les discriminan. Si juegas con muñecas: maricón, si eres sensible: maricón, si no quieres jugar al futbol: maricón, y así día tras día. Estas situaciones crean miedos, traumas e inseguridades durante una de las etapas que se supone debe ser una de las más felices de tu vida.

Todo cambia en el instituto, a peor claramente. La sociedad esta educada en el desarrollo de la sexualidad de los jóvenes, pero solamente en el cis-hetero normativo. Por lo tanto, tú, como “el maricón del insti” no tienes muchas oportunidades para desarrollarte. Simplemente te pasas día tras día deseando que ese infierno al que llaman instituto acabe para poder escapar de allí as soon as posible.

Lo que más duele es, que cuando has conseguido superar esas etapas oscuras en las que ni tú mismo te querías. Cuando consigues abrirte, liberarte y poder finalmente ser tú mismo, un extraño irracional y sin dos dedos de frente te dice entre puñetazos: “maricón de mierda voy a matarte“. Cuando todo parecía estar bien, resulta estar bien jodido. El miedo, ese que sentías en el colegio cuando salías con muñecas al patio. Ese miedo que te dominaba en el instituto cuando por el pasillo te gritaban y te empujaban.  Ese mismo miedo, vuelve a llamar a tu puerta.    

Dejar de ser yo para agradar al resto

El discurso de odio de muchos, el “bueno tú molas porque no se te nota”, el “mientras no seas una loca me vale”. Ese discurso es el que hace que cada vez que salimos de casa, pensemos dos veces si lo que llevamos puesto puede provocar una situación indeseada o si mejor nos cambiamos para no llamar la atención.

Es muy triste, de verdad muy triste, que cada vez que veo a un grupo de hombres, cambio de acera, aprieto los puños, acelero mi paso, camino recto e intento que no se note como soy realmente. “Esconde la pluma”,”baja la cabeza”, “no hagas contacto visual”, “camina estirado”, “si te dicen algo pasa”, “ten el móvil a mano por si necesitas llamar a alguien”. Todas esas frases rondan mi cabeza cada vez que me veo en esa situación. Es duro. Es muy duro y difícil aparentar que todo está bien y que no estas cagado de miedo. Pero lo más duro es tener que cambiar mi forma de ser para agradar a los demás.

No pido respeto y aceptación, la exijo porque soy igual que tú

Además, muchas personas se creen que tienen el derecho y potestad de aceptarnos y de respetarnos. Ahí se equivocan. No es que tú quieras respetarme, es que tienes que respetarme. Soy un ser humano, soy igual a ti, y si tú crees que tienes el poder de aceptarme o de tolerarme, el equivocado eres tú.

Merezco respeto. Merezco ir de la mano con mi pareja por la calle sin que unos energúmenos nos peguen una paliza por mostrar nuestro amor. Merezco que mi madre esté tranquila y que no sufra constantemente pensando que el día que salga puede que no vuelva nunca más. Merezco no tener que aguantar insultos, vejaciones, agresiones verbales y físicas de personas que ni siquiera me conocen porque para ellos soy un simple maricón. Merezco salir de este miedo que me domina y merezco que mi sexualidad no acabe siendo el motivo de mi muerte.

Nos están matando y nadie hace nada

Nos están matando, nos están matando por amar a quien queremos, por ser libres, por reivindicar que somos personas y que exigimos los mismos derechos que los demás tienen. Y no nos equivoquemos, nos matan por ser LGBTI, cualquier otra excusa es simplemente un pretexto, pero el agravante real de su odio es nuestra condición sexual. Y estoy harto, estoy harto de leer en mi cama como estas agresiones se suceden remontandónos a épocas parecidas a 1936. Porque buscar spray de pimienta y clases de defensa personal en internet ha pasado de ser una broma a una realidad. Y todo esto, lo denuncio porque tengo miedo de que mi sexualidad sí acabe siendo el motivo de mi muerte.


Martín Castro