No siempre hemos tenido voz. No siempre nos han escuchado. Nunca hemos sido verdaderamente nuestras. Nos admiráis y os quedáis varios minutos observando la escena, observando el arte, sin tan si quiera preguntaros ¿Qué ocurriría si las mujeres de estos cuadros tuvieran de verdad la palabra? Que posiblemente ardiera Troya (entre otras cosas).

#1 Susana y los viejos

Y aquí me encuentro yo, otra vez, encerrada en la misma escena que se repite una y otra vez. Otra vez acorralada por esos hombres que se creen con derecho a hacer conmigo lo que quieran. Solo porque esté sola en el baño. Y probablemente me hayas visto antes y seguro que no has pensado en mí, que no has escuchado mis gritos, que no te has percatado de mi sufrimiento; silencioso e impasible.

Soy Susana, la de “Susana y los viejos” de Artemisa Gentileschi. Provengo de una extensa saga de cuadros que, como muchos otros, intentaron visibilizar algunas de las situaciones que abuso, extralimitación e injusticia. Nos intentaron callar, pero ahora puedes escuchar nuestra voz. Y no estoy sola, cariño. Ahora hay muchas más voces se han unido a mí.

#2 Erika

Y por eso me armé de valor. Jamás pensé que sería capaz de enfrentarme a una situación como la que estaba viviendo constantemente en mi vida. ¿No sabes quién soy? Joder… Tú de arte poco, ¿verdad? Erika, de “Der lästige Kavalier” (el hombre irritante), del pintor alemán Berthold Woltze. El caso es que ahora me doy cuenta. Ahora me doy cuenta de todo lo que he estado permitiendo en mi vida que nunca debí haber consentido.

Me sentía incómoda, violenta y confusa la primera vez que ocurrió algo así. Yo no estaba haciendo nada en absoluto y de repente, sentí como una quemazón invadía mi nuca mientras me susurraba palabras en mi oreja. Que era una niña, joder. Que no tenía ni idea de nada de lo que estaba pasando, y mucho menos que aquella situación se iba a descontrolar. Menos mal que conocí a Susana. Menos mal que conocí a Susana y ella me tendió el brazo.

¿Por qué? Porque por fin pude respirar. Porque, de repente, ya no estaba sola. Los miedos seguían ahí y tengo claro que no se irán, pero ahora me siento arropada por mucha gente. Hay quien escucha mi voz y yo solo puedo pensar… Por fin ha comenzado el cambio.

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No me llamo “nena” 👨🏻‍🎨Berthold Woltze

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#3 Verónica

Y que me lo digan a mí. Verónica, de“Phryne before the Areopagus” de Jean-Léon Gérôme. Encantada. Tengo que confesar que cuando Susana me encontró, rechacé su ayuda porque pensaba que todo era culpa mía. Sentía que la gente me señalaba, cuchicheaba y juzgaba porque me lo merecía. Pensaba que estaba haciendo algo mal por querer sentirme mía, única y libre.

Y me fui empequeñeciendo. Me fui convirtiendo en una sombra de lo que un día fui para poder contentar al resto de personas. Porque de verdad pensaba que había algo mal en mí. Algo que no funcionaba como el resto. Me costó comenzar a escuchar las historias de otras que también habían vivido y sufrido mi historia. Lo peor es que jamás pensé que merecía ser salvada y tener una oportunidad.

Pero abrí los ojos. Y toda esa gente que de repente me seguía observando y recriminando mi comportamiento, solo por ser mujer, comenzaron a darme igual. Todo porque comencé a entender que yo no era menos que nadie y que mi vida, sea cual fuese, era igual de lícita que tantas otras. Y comencé a vivir. Comencé a vivir una vida que solo era mía. Y las voces de todos los que una vez me criticaron y me señalaron con el dedo comenzaron a hacerse cada vez más pequeñas porque yo con cada palabra de desaprobación me hacía más grande.

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Esto es ya insoportable.

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Ahora sé que fuimos salvadas. Fuimos salvadas de un futuro terrible, pormenorizado y que pensábamos no merecer. Y todo empezó con un pequeño gesto. Un gesto que se hizo viral en las redes sociales gracias a nuestra creadora Helena de @femme.sapiens.

Así, Helena me salvo. Nos rescató del olvido para darnos forma, una forma real, actual y fiel a nosotras mismas. En claves de humor, nos expone, nos da vida. Porque yo soy Susana, Erika y Verónica y esta es nuestra historia.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.