Vivimos en el siglo XXI, eso todo el mundo lo sabe. Y, aunque hayamos avanzado en muchos ámbitos, hay otros que siguen quedándose rezagados. El machismo, racimo y la homofobia son algunos de los tabúes que, sí, urbanita, siguen presentes en nuestra sociedad. Pero, ¿te has parado a pensar alguna vez que se visualizan más de lo que creemos? Esto es lo que ocurre en la industria del porno, sobre todo, el racismo y el sexismo.

El porno es una industria muy perjudicial que genera millones de euros cada día. Se ve como una guía muy explícita sobre la práctica del sexo. Muchos usuarios lo llegan a considerar una herramienta de educación sexual, pero no es para nada beneficioso. Miles de sexólogos y sexólogos gritan a los cuatro vientos las consecuencias negativas que conlleva la visualización de este tipo de grabaciones. Y, los espectadores solo se centran en lo que ven a través de la pantalla, sin ni siquiera ponerse a pensar lo que sucede detrás de las cámaras.

Está claro que en el porno el género supremo es el masculino. La mujer se ve como un objeto sexual, y muchos estudios abogan por la prohibición de este tipo de prácticas, ya que se consideran como cosificación. Si esto se une a los prejuicios consolidados sobre las personas de color surgen bastantes controversias. En la actualidad, se habla cada vez más sobre el machismo que surge en algunas escenas, incluso se normalizan acciones como violaciones y abusos sexuales contra la mujer. Sin embargo, algo de lo que la sociedad no está acostumbrada a hablar es sobre el racismo. Es una industria que se aprovecha de este tipo de tópicos para ganar dinero.

#Interracial

Así es como clasifican este tipo de vídeos entre personas blancas y de color. Es muy normal ver cómo la figura del hombre está representada por una persona negra, fuerte y agresiva. Y la de la mujer por una persona blanca, frágil y callada. Son piezas de un puzzle que causan los estereotipos que marca la sociedad. Las estadísticas muestran que una chica blanca demanda más dinero por una escena con un chico negro, que por una escena de sexo anal. Y esto es algo que sufren también miles de hombres.

En un artículo de la revista Cosmopolitan, un grupo de actrices de cine adulto denuncian el racismo que sufren al tener que realizar algunas escenas. Concretamente, Ana Foxx, una mujer negra que con 23 años decidió incorporarse al mundo del porno para mejorar económicamente. En uno de los proyectos en los que participó cuenta cómo se sintió al tener que filmar una escena con ocho hombres blancos que llevaban puesto una camiseta con la bandera de los Estados Confederados. Claramente se trataba de una escalofriante situación en la que la supremacía blanca reinaba sobre una mujer negra. Machismo y racismo unidos que resulta atrayente por muchas personas.

«En mi mente sabía que lo que estaba pasando estaba mal, pero la gente me dijo que es el tipo de trabajo que tenía que hacer para lograrlo»

Otro fetiche impulsado por la sociedad es el deseo por las mujeres asiáticas. Las etiquetas más buscadas así lo demuestran, y las mujeres no blancas ganan menos de la mitad del salario que gana una mujer blanca no racializada. Además, dentro de la industria del porno, los encargados buscan el prototipo indicado, y un rechazo lo camuflan con un “no es lo que buscamos”. La explotación de las mujeres y hombres en el porno es algo que debería causar una grave preocupación. En la actualidad no tiene la visibilidad necesaria para atajar este problema, por ello, hay que luchar desde abajo.


Iratxe Cuadrado

Escuchar música y escribir sobre ella es una de mis pasiones. Una vocación desde hace años en la que me involucro inconscientemente para desconectar. Siempre intento difundir mis gustos para compartir la felicidad que me producen.