Si hay crisis, hay cambios. También en la cultura. Porque en momentos de incertidumbre, las ideas revolucionarias y la creatividad emergen. Para cambiar el curso de lo establecido. Cambiar el curso de la historia. O simplemente, sobrevivir a la crisis del momento.

Lo hemos visto en el pasado y lo estamos viviendo en la actualidad. ¿Hacia dónde será este nuevo cambio? Nadie lo sabe. La crisis del coronavirus nos ha enseñado que nada es permanente, que todo puede cambiar de la noche a la mañana. Sino que se lo digan a todos los planes, proyectos, billetes, tickets, objetivos y sueños que se quedaron estancados en aquel 13 de marzo. O durante todos estos meses de la Covid-19, confinamiento y fuertes medidas sanitarias.

¿Y qué ocurre con la crisis/cambio (como queráis llamarlo) de la cultura? Parece que han pasado años desde la última Feria del Libro o Día de Sant Jordi. Desde que Parásitos ganara el Óscar a Mejor Película en febrero. Años, desde el último concierto o festival. Pero sólo han pasado seis meses, medio año, y ya nos parece que fue hace mil.

La cultura sigue viva. Es más, nunca ha dejado de estarlo. Sigue habiendo películas, conciertos, presentaciones de libros, obras de teatro… Lo único que ahora se viven de forma diferente. ¿Será temporalmente, será definitivo?

La crisis del coronavirus nos ha enseñado que nada es permanente, que todo puede cambiar de la noche a la mañana

Es hora de sentarse y reflexionar sobre ello. Y eso es lo que hemos hecho para este número de octubre de Status of Empire. Este mes lo hemos dedicado a la Cultura. A reflexionar sobre ella, sobre el arte, los artistas y las instituciones. ¿Que la cultura ha cambiado? Es un hecho. Pero ya que es así, que sea para romper con todo lo anterior o para avanzar de forma más lineal sólo el tiempo lo dirá.

Un poco de contexto…

Muchas veces apoyamos el dicho “hay que salir de nuestra zona de confort”… la pandemia ha concebido esto, pero de una forma abrupta, para nada suave y no ha sido por decisión propia. Miramos por la ventana suspirando, anhelando que todo vuelva a ser como antes: que podamos aplaudir en una obra teatral llena de espectadores, acudir al cine sin mascarilla, cantar al unísono en un concierto, ir a recitales de poesía, ir al Reina Sofía para ver el Guernica entre una multitud… Todas estas cosas ya no nos pertenecen, se han emancipado, y como siempre, la normalidad solo se echa de menos cuando vivimos tiempos insólitos. 

La cultura no ha escapado a esta situación y está mostrando también síntomas. Recientemente, se publicó que el cine ha perdido un 70% de su facturación desde el inicio del virus. También otros sectores como la pintura (museos cerrados), la música (imposibilidad de dar conciertos llenando salas) o los libros (se han cancelado numerosas giras de promoción, como la del último libro de Guillermo Arriaga Salvar el fuego) han sucumbido ante este terremoto global.

En este sentido, Antonio Fuentes (director del Teatro Lara) lo deja claro: “La gente que vive alrededor de la cultura lo ha pasado muy mal porque de repente se han visto sin trabajo. Artistas que estaban acostumbrados a ver al público todas las semanas han pasado a encontrarse en casa sin poder relacionarse, esto afecta a nivel mental. Por eso, la cultura ha tenido que reinventarse en muchos aspectos”.

Antonio Fuentes, director del Teatro Lara.

Para Natalia Dolz, actual representante de actores como Jazz Vilá, la Covid ha trastocado su día a día: “En la era pre Covid tenía muchas reuniones y comidas de trabajo, ahora hago el 98% desde mi hogar-oficina vía ordenador o teléfono”. Además, los requisitos contractuales se están modificando a raíz de lo que se está viviendo: “Se han incluido cláusulas específicas y la obligación de hacerse pruebas antes y durante el rodaje para control de la pandemia. Incluso hay enfermeras en el set de rodaje”. 

Natalia Dolz, representante de actores como Jazz Vilá. Fotografía: Salva Musté.

“Artistas que estaban acostumbrados a ver al público todas las semanas han pasado a encontrarse en casa sin poder relacionarse”, Antonio Fuentes; director del Teatro Lara.

La ayuda del gobierno ha sido mínima, y el arte se ha visto marginalizado. Quizás el problema sea que nosotros damos por hecho la existencia del arte en nuestras vidas, como algo esencial y que nos corresponde. Por eso, olvidamos quién está detrás y el apoyo que necesitan. “Ha habido promesas de ayuda por parte del gobierno, aunque todavía no se han materializado” comenta Antonio Fuentes.

Martín Vallhonrat (miembro del grupo musical Carolina Durante) va más allá: “El arte y sus trabajadores necesitan ser salvado. No se puede esperar que el arte nos salve espiritualmente”.

Por eso, Martín Vallhonrat considera que el confinamiento no solo ha generado más tiempo para hacer creaciones, sino que también ha producido el efecto contrario: “El hecho de estar en casa no es una realidad muy estimulante. Hay gente que le ha venido bien por el tiempo y a otros peor por la falta de inspiración”.

“El arte necesita ser salvado y sus trabajadores. No se puede esperar que el arte nos salve espiritualmente”, Martín Vallhonrat; de Carolina Durante.

La Covid-19 también ha alimentado la creatividad buscando encontrar nuevos horizontes. No sería descabellado pensar que surgiera un nuevo subgénero literario (si se quiere decir) o que se ponga de moda de nuevo el género post apocalíptico como reclamo de los consumidores.

Cines durante en la época postcovid.

También aparecían obras críticas (siempre necesarias) que ayudarían a ver nuestros errores mediante analogías y metáforas. Sería un tema perfecto para escritores como Michel Houellebecq o Chuck Palahniuk. Aunque no solo surgirán nuevas creaciones, también estarían los artistas de siempre y estos necesitan de nuestro apoyo.

Conciertos y coronavirus.

¿Y el futuro postcovid?

Puede que ahora nos parezca impensable, pero en algún momento la pandemia pasará. Volverá todo ¿a la normalidad? Pero… ¿qué será la normalidad? Los geles y las mascarillas tardarán en desaparecer. Nos sentiremos como extraños en lugares abarrotados. ¿Habrán desaparecido los saludos de dos besos a desconocidos? Es muy pronto para saberlo, o, mejor dicho, muy pronto para imaginarlo.

¿Y la cultura? ¿Volverán los conciertos con cientos de personas a nuestro alrededor? Martín Vallhonrat tiene clara su respuesta: “espero que todo sea como antes y se descubra la vacuna a medio plazo”. Aunque se siguieran grabando sesiones y conciertos online, “el objetivo es que haya música en directo”, comenta el integrante del grupo indiepop Carolina Durante. “Nadie preferiría una pantalla a poder ver a su artista favorito en persona”.

Sobre el futuro de la cultura Antonio Fuentes se considera optimista. “No sé cuánto tiempo se va a tardar en superar esta situación. Pero se volverá, se superará y vamos a tener toda la creatividad de vuelta a los teatros”. Natalia Dolz va más allá al hablar de la era post-covid: “sin cultura no hay futuro”, confiesa. “Espero que la Covid nos hayan servido para reforzar y valorar al sector cultural”.

“Sin cultura no hay futuro. Espero que la Covid nos hayan servido para reforzar y valorar al sector cultural”; Natalia Dolz, representante de actores.

Es este mismo sector el que ha tenido que adaptarse a la digitalización para no perder el año 2020. Lo hemos visto, con sus planes descabellados, éxitos y fracasos, pero la idea ya está allí. Digitalizar la cultura, más todavía si cabe. Ya no sólo con el streaming y los directos en RRSS, también con las nuevas tecnologías como las Realidades Extendidas. ¿Os imagináis sentaros en el sofá con las gafas de realidad virtual y en un abrir y cerrar de ojos estar en el Teatro Lara? “Yo defiendo más que el teatro sea en persona. Que en algunos teatros u obras exista la opción de verlo en casa durante 24 horas… podría hacerse pero como complemento”, aclara el director ante esta posibilidad. “Puedes plantearlo para que alguien vea como es la función y decida ir a verla más adelante. Pero no mucho más. Para que todos estén viendo el espectáculo con unas gafas 3D o de realidad virtual ya tenemos el formato del cine para que lo implemente”.

Realidad virtual.

Para Antonio Fuentes otra cosa sería si esta implementación de las nuevas tecnologías fuera a la propia obra (y no tanto al revés). “La tecnología tiene que complementar la creación del artista. No se puede perder la magia del teatro, su inmediatez, su arte en vivo, en pos de la tecnología.”

Antes de la pandemia, los expertos hablaban del cambio de ventanas de distribución (de las tradicionales como salas de cine a las innovadoras como las plataformas) durante la década de 2020. Gracias a la pandemia, este cambio se ha adelantado unos cinco años. ¿Terminarán desapareciendo las formas tradicionales de consumir cultura? Antonio Fuentes, director del Teatro Lara, no lo cree. “Quiero que el Teatro Lara sea un espacio referente para espectadores y compañías tanto este año, como el próximo y los siguientes”, defiende. “Un espacio de creación en uno de los edificios patrimonio de Madrid, donde pequeñas compañías y un público fiel puedan crear y disfrutar del arte en vivo. Ese es el camino a seguir”. Para él, el streaming no es algo que vaya a perdurar, al menos en las artes escénicas.

Hamilton, de teatro musical a película.

Y tampoco en la música. “No se va a sustituir la forma de consumir cultura tradicional porque nos hayamos acostumbrado al streaming durante este tiempo” comenta Martín Vallhonrat. “Se apoyarán los formatos que resulten más atractivos. Habrá algunos desarrollados durante la pandemia que sobrevivirán y otros que no”. Para él todo depende de los espectadores. Sus gustos y necesidades.

En definitiva, el arte tiene una gran oportunidad por delante para ser verdaderamente esencial y perspicaz. La historia ha demostrado que a pesar de las numerosas crisis de la humanidad, el entretenimiento y la imaginación siempre se han elevado como algo realmente sustancial. Pero para ello, el arte necesita nuestro apoyo. Pagar por él es una obligación, porque el ingenio no debe, ni puede ser gratuito, debe ser recompensado. Debemos apoyar las nuevas perspectivas derivadas del 2020, tomar conciencia de que sin arte, el ser humano sería un animal menos racional, perderíamos una parte de nuestro ser. Viviríamos enajenados. Por ello, desde Status of Empire, nuestro mensaje es claro: ¡Larga vida al arte y a sus creadores!   


Ana Rodríguez y Oliver de la Torre