Muchas son las series que han abordado una temática tan complicada como el SIDA. Hemos sufrido, llorado, reído y aplaudido con historias como las contadas en It´s a sin (2021), the normal heart (2014), Pose (2018), Philadelphia (1993)o Dallas buyers club (2013). Todo este tipo de producciones ayudan a entender una enfermedad que durante mucho tiempo (y sigue estándolo) estuvo prejuzgada y vinculada a la comunidad homosexual.

Es duro ver como en It’s a sin o en The normal heart, las personas durante el inicio del VIH despreciaban la homosexualidad por ser antihigiénica y portadora del virus. Tiempo más tarde, se pudo comprobar la ingenuidad de la gente cuando personas heterosexuales también contraían el VIH. Pero, como todo en la vida, la realidad supera la ficción y esas historias contadas en televisión y en el cine solo son la punta del iceberg. La vida fue mucho más complicada de lo que se relata o se puede llegar a conocer. Solo las personas que lo vivieron (y lo viven) de cerca pueden describir el horror que supone contagiarse del virus.

Las siglas VIH hacen referencia al Virus de la Inmunodeficiencia Humana y no se debe confundir con el conocido SIDA. Es frecuente inducir en este error, yo mismo lo he cometido miles de veces. El VIH es un virus que ataca directamente las células de nuestro sistema inmunitario encargadas de combatir enfermedades o infecciones, las denominadas células CD4 (es decir, glóbulos blancos). Sin embargo, el SIDA  (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) solo es la etapa final del VIH. Aquella en la que nuestro cuerpo está en un estado tan dañado que es incapaz de combatir cualquier infección y tiene más posibilidad de enfermar. Se asocia esta etapa con las manchas en la piel, es el sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer muy agresivo. Esta etapa final solo sucede 10 años después de contraer el virus sin estar medicado, algo que era común entonces pero que ahora es muy poco probable.

Todo comenzó durante la década de los ochenta cuando en 1981 se detectaron raros casos de neumonía en cinco jóvenes homosexuales de California. Todos ellos presentaban un sistema inmunológico muy debilitado sin causa aparente. Con el paso de los días y meses, la organización estadounidense de vigilancia y prevención de enfermedades (CDC)  informó de estos contagios también entre consumidores de drogas por vía intravenosa, hemofílicos que recibían transfusiones de sangre y haitianos con domicilio en el “país de la libertad”. Fue la primera alerta de lo que más tarde se denominaría VIH. Hubo una gran discriminación hacia los homosexuales con denominaciones del tipo “cáncer gay”, “síndrome gay” o “peste rosa”. Una actitud que hoy nos resulta sorprendente y horrenda.

Primer artículo en el que se hace mención al VIH (desconocido por aquel entonces).

A partir de 1981 y de la detección de los primeros casos todo aconteció como un efecto dominó. Era inevitable su propagación y lucha porque muchas personas estaban enfermas y no lo sabían. Un año más tarde se empleó por vez primera el término AIDS (en español, SIDA). En los años siguientes se detectaron los virus LAV y HTLV-III como causantes probables del SIDA. Se llegó a la conclusión de que eran el mismo virus y fue bautizado como VIH en 1986. Los primeros medicamentos surgieron en 1987, con el antiretroviral AZT que no era del todo eficaz y producía muchos efectos secundarios: nauseas, anemia, debilidad muscular… En los noventa aparecieron más medicamentos (Abacavir, Nelfinavir…) pero todos ellos luchaban por retardar los efectos del virus y no eliminarlo por completo. Algo que hasta hoy sigue siendo imposible.

La enfermedad no entendía ni entiende de fronteras, muchos famosos llegaron a enfermar y morir en los años más duros del VIH. Entre ellos recordamos a la “voz eterna” del rock,  Freddy Mercury, el cantante de la banda británica Queen. Otros como Isaac Asimov (escritor), Arthur Ashe (tenista), Michel Foucault (filósofo francés), Anthony Perkins (actor) corrieron la misma mala suerte.

“Mi amigo nunca reconoció que estaba enfermo” cuenta mi madre sobre su amigo de la universidad llamado Jaime. “Le aparecieron unas manchas marrones en la sien y en el lateral de la cara […] En cuestión de dos o tres meses murió. Fue muy rápido”. Sucedió en 1993, cuando la enfermedad estaba en su punto más álgido. No es un recuerdo que se pierda en la memoria, Jaime sabía que tenía algo incurable y quiso acelerar el proceso consumiendo alcohol y drogas. “En España había mucho atraso respecto a los demás países y se consideraba a los homosexuales y a las prostitutas como transmisores del VIH”, añade. Desde que sucediera, mi madre ha viajado con la sombra de una enfermedad que no solo es incurable para los enfermos, sino que permanece perenne en todos aquellos que la vivieron de cerca.

Según ONUSIDA, el año pasado 37, 7 millones de personas vivían con SIDA y de ellas el 73% tenían acceso a la medicación para retrasar la enfermedad. Todo un logro considerando que la mayoría de los enfermos se encuentran en países pobres del continente africano que no tienen forma de poder permitirse pagar el tratamiento o que desconocen la enfermedad. La web también informa que desde 1997, las nuevas infecciones de VIH se han reducido en un 52%.

Número de nuevas infecciones por el VIH, mundial / Fuente: ONUSIDA.

Hemos avanzado mucho desde que se conociera la existencia del VIH. Hoy en día, la principal terapia es la conocida como TAR, mediante antiretrovirales que reducen la mortalidad y mejoran la calidad de vida de los enfermos. Pero lo más novedoso es la cada vez más próxima vacuna. Una noticia esperanzadora. El proyecto denominado Mosaico está en fase III con ensayos clínicos, la última fase antes de comercializarse. Constaría de 4 dosis en 12 meses y los resultados podrían ver la luz a finales de 2023. Ante todo, siempre debemos ser precavidos con quien tenemos relaciones sexuales y hacerlo con la protección adecuada porque el VIH no es un juego, es responsabilidad.


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?