Stanley Kubrick es uno de los grandes cineastas de la historia del cine. Un creador de películas con escenas que han quedado para la posteridad. Todos recordaréis El Resplandor (1980) y cómo Jack Nicholson termina abriendo una puerta con un hacha. Un genio que necesitamos recordar por el bien del séptimo arte. 

“¡Corten! Toma número 30. Rueden.” Si existe un comentario que se ha extendido sobre Kubrick es el perfeccionismo con el que enfocaba cada nuevo proyecto. Primero, leía y se nutría de todo tipo de informaciones para crear el germen de una película. Más tarde, llevaba a cabo todos los preparativos y a posteriori el rodaje. Con Kubrick el proceso necesitaba de tiempo, sin prisa pero sin pausa. Esto se aplica sobre todo a la etapa de los años setenta, ochenta y noventa. Una de las tomas de El Resplandor  tuvo que repetirse 127 veces solo para que el actor estuviera tan dentro de su personaje que fuera el. 

Lo que hace destacar al director de cualquier otro cineasta es la capacidad de innovación tanto técnica como temática o argumental. Es todavía  inimaginable que en 1968 se estrenara 2001: Una odisea del espacio (1968), una película con efectos sorprendentes que parecen realizados 30 años más tarde. Obnubila también la certeza científica de muchas cosas que se ven, como si la película hiciera proyección sobre el futuro. Ahora miramos la película con otros ojos, recordando una de las transiciones más hermosas de la historia del cine: un hueso gira, vuela en el aire para dar paso a una nave espacial alargada. En apenas 10 segundos, Kubrick avanza miles de años de evolución humana. En su momento, la cinta fue muy criticada e incomprendida pero hoy es vista como una de las grandes obras de arte del cine. 

Narrativamente el cineasta trataba temas muy complejos. La naranja mecánica (1971) es un ejemplo de ello, una película que pretende mostrar lo incomprensible: la maldad humana. Habla de muchas otras cosas, del sistema, de la reinserción social y de la propia violencia inherente del ser humano. La chaqueta metálica (1987) igual, una crítica de la guerra desde la propia disciplina militar. 

Si hay una película suya que me haya marcado para siempre tendría que escoger ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964). Una sátira sobre la guerra fría donde cada líder de los países más poderosos está más loco que el otro. Un general estadounidense decide, sin previo aviso, lanzar un ataque nuclear contra Rusia y cerrar comunicaciones con sus superiores. Esta decisión genera una crisis entre los distintos líderes mundiales, la guerra nuclear nunca ha estado tan próxima de nuestra retina. Es inolvidable. 

Otras películas suyas a mencionar son Atraco Perfecto (1956), Senderos de Gloria (1957), Barry Lyndon (1975) o Eyes Wide Shut (1999).

Adentrarse por primera vez en su filmografía es un regalo efímero. Ese primer contacto de cualquiera de sus películas nunca se recupera , aunque con cada nuevo visionado uno aprende siempre algo. Por eso os animo a ver cualquiera de sus películas porque todas ellas tienen el poder del arte: transformarte, darte un aprendizaje vital y alegrar tu existencia. 


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?