Imagina que vas caminando por la calle tranquilamente y te apetece comerte un caramelo. Lo coges, le quitas el envoltorio y te lo tomas. Entonces, te das cuenta de que no hay ninguna papelera cerca para poder tirar el plástico del dulce. Miras al suelo. Ves que está impoluto. Asique te da más cosa tirarlo fuera de una papelera. Pero, en cambio, si hubieses visto que está lleno de más basura, las probabilidades de que lo hubieras tirado al suelo hubiesen aumentado.

Y esto explica la teoría de las ventanas rotas. Y no, no promueve que seamos poco ecofriendly. Sino que predice que dependiendo del ambiente en el que nos encontremos actuaremos de una manera u otra. Porque no nos neguemos, no siempre nos comportamos de la misma forma cuando estamos en confianza en nuestra casa que cuando vamos a la de un amigo.

De este modo, el profesor Phillip Zimbardo, mundialmente conocido por llevar a cabo el experimento de la cárcel de Standoford, realizó esta prueba. Su investigación consistió en dejar dos coches abandonados. Uno en las calles del Bronx y otro en el barrio rico de California, Palo Alto.

«La teoría de las ventanas rotas predice que dependiendo del ambiente en el que nos encontremos actuaremos de una manera u otra»

Lógicamente el coche en la parte más desfavorecida acabó con grandes desperfectos, mientras que el otro permaneció intacto todo el día. Por lo que, el estudio obtuvo como resultado que la pobreza y las carencias fueron los causantes de este desenlace. Pero, no terminó ahí. Fue más allá.

Los investigadores decidieron alterar un pequeño detalle del coche de Palo Alto y con un martillo machacaron algunas partes de su carrocería. De este modo, fue la señal que los vecinos del barrio de California necesitaban para que, en pocas horas, el coche acabase igual de destrozado que el del Bronx.

Lo que dio lugar a la teoría de las ventanas rotas. Si un edificio aparece con una ventana rota y no se pone remedio pronto, inmediatamente el resto de las ventanas acaban siendo destruidas. Todo ello, porque los primeros desperfectos envían un mensaje: aquí no hay nadie que se encargue de esto.

«Las conductas incívicas de las personas se contagian. En el momento en el que una persona comienza a desobedecer las normas de su comunidad, automática y progresivamente la gente lo seguirá»

Las conductas incívicas de las personas se contagian. Y a una velocidad sorprendente. En el momento en el que una persona comienza a desobedecer las normas de su comunidad, automática y progresivamente la gente lo seguirá. Y las leyes acabarían eliminándose y cundiría la anarquía y el caos.

Incluso, nuestros ayuntamientos tienen muy clara esta teoría. Cuando aparece un grafiti en una pared, si no se borra pronto, acaba extendiéndose a los edificios y viviendas más próximas. Por ello, siempre intentan mantener la ciudad limpia, las calles en orden, los edificios en buen estado…

De este modo, adoptar estas conductas no solo nos empeora a nosotros mismos como personas, sino también a la gente de nuestro alrededor. No hagas lo que no quieres que te hagan a ti. ¿O acaso te gustaría que todos rompiesen tus coches, te mintiesen o te defraudasen constantemente?


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.