La serie producida por HBO ha sido un éxito rotundo y se ha coronado como el mejor estreno de la plataforma durante el verano. Pensada desde un comienzo como una miniserie, el boca a boca y el aumento de espectadores semanales ha provocado que la cadena confie en la ficción para una segunda temporada de carácter antológico. Es decir, una nueva historia con diferentes personajes pero ubicada en el mismo universo de resorts llamados White lotus.

Creada por Mike White, un hombre poco conocido en la industria pero con experiencia por haber guionizado películas como Escuela de rock (2003) o haber escrito algún capítulo de Dawson crece y Freaks and geeks. Además, la producción cuenta con un plantel de actores (conocidos por ser secundarios de lujo) muy acertado: Murray Bartlett, Connie Britton, Steve Zahn o Alexandra Daddario. Es decir, teniendo en cuenta esto y dejando de la lado la llamativa propuesta argumental, nadie podía presagiar el exitazo de The White lotus.

Resumiendo la trama sin spoilers para dejaros con ganas de verla, acontecemos a la vida de varios huéspedes de un resort de lujo en Hawái sintiendo sus conflictos internos y sus particularidades. Porque más allá de describir la ostentación y el lujo de las personas privilegiadas, la serie nos disecciona al ser humano ya sea con temas como las relaciones sentimentales, la envidia, la tecnología o incluso el instinto animal y sexual que guía muchas de las decisiones tomadas por los hombres.

Una de las cosas más extrañas y a destacar, es que la serie se grabó durante la pandemia. Es decir, es de esas nuevas ficciones que habitan en nuestra nueva realidad pero que no tienen en cuenta lo que estamos viviendo (se vendan los ojos y hacen oídos sordos). Personalmente, cuando todo lo del coronavirus aconteció tenía mucho miedo por cómo iban a ser los nuevos rodajes de series y películas… ¿los besos pasionales se acabarían? ¿El contacto humano se vería reducido al mínimo en pantalla? La serie me ha quitado un peso de encima porque todo parece hecho como si no hubiera Covid. El que la ve podría perfectamente creer que su producción tuvo lugar antes de la pandemia y eso es algo que hay que celebrar. Todo ha cambiado y al mismo tiempo, todo sigue igual. 

A través de unos personajes a cada cual más raro y excéntrico, la serie aborda la naturaleza humana y nuestro comportamiento más animal. No hay mejor forma de describir la ficción que la frase que dice el personaje de Mark a su hijo Quinn: “Somos monos. Unos animales. Menos ya sabes, superhéroes y pilares respetables de la comunidad. Pero la verdad, somos monos, viviendo en manadas de monos. Impulsados por instintos básicos. Creamos jerarquías y nos juntamos con otros.

No os perdáis la serie porque lo agradeceréis. Es mordaz, divertida, ingeniosa y original. No hay mejor pasatiempo para un mes de septiembre que supone el final de las vacaciones y la vuelta al trabajo.


Oliver De la Torre

Soy un joven corriente con nombre extranjero. Escribo sobre cultura y aquello que me haga aprender nuevas cosas. Vuelo y me alimento de mis pasiones, ya sea cine, libros o música. ¿Qué seríamos sin el arte?