Toxicidad en Normal People de SOE

Nos han enseñado desde que éramos pequeños que siempre que un niño o una niña nos pegaba o se metía con nosotros era porque estaba locamente enamorado. Y así, junto a los grandes clásicos románticos del cine como After o 10 razones para odiarte, nos convencimos de que el chico malo que siempre nos hacía daño y emanaba toxicidad por todos lados, era nuestra alma gemela.

El mundo no ha cambiado mucho desde entonces. Ahora todas las grandes películas y las grandes series siguen la misma trama de la que nadie se cansa. Seguimos esperando que el chico malo cambie y que comience a actuar como de verdad nos merecemos solo por nosotros.

Y el problema es que estamos tan acostumbrados a este tipo de comportamientos que ya lo hemos normalizado. Este es el caso de Connell y Marianne de Normal People. Una serie que desde el primer minuto exhala un aire de toxicidad del que igual no somos tan conscientes ¡Alerta Spoiler!

Todo comienza cuando Connell y Marianne empiezan una relación en secreto en el instituto. Como suele ocurrir en miles de series nadie puede saber nada para no dañar la imagen del chico popular de Connell. Pero, todo empieza a torcerse cuando es el baile del instituto y nuestro querido protagonista invita a la niña mona del colegio, en lugar de a Marianne.

Así, sus caminos parecen separarse al final de su etapa en el instituto hasta que llegan a la universidad donde retoman su relación. Pero ¿por qué tras todas las decepciones que Marianne ha vivido con Connell decide volver a intentarlo?

Hablamos con la psicóloga Sara Ochoa, especialista en terapia sexual y de pareja, “el problema está en la falta de límites. Cuando alguien nos ha demostrado cómo es, no deberíamos volver. Solemos seguir intentándolo en situaciones de ambivalencia, por ejemplo, cuando nos dice que no volverá a pasar, que siente lo sucedido, pero luego siempre vuelve a ocurrir. En situaciones así solemos quedarnos con lo positivo y con lo que nos va a permitir seguir tomando de esa droga a la que somos adictos.”

Y todo se debe a esa dependencia emocional que sienten el uno por el otro. Esa droga que se convierte en una adicción. “La dependencia suele producirse en relaciones de asimetría, relaciones de poder o relaciones tóxicas. Es normal que tu pareja y tu relación afecten tus emociones y ánimo, pero no que lo condicionen. La dependencia hacia la pareja se vive como la dependencia hacia una droga. Todos tus esfuerzos se dirigen hacia esa persona, la priorizas a todos tus amigos, familiares e incluso a ti mismo” añade la psicóloga Sara Ochoa.

La falta de autoestima y las creencias sobre el amor romántico suelen ser las principales causas de esta situación. Creer que hay que luchar por la relación, que amar conlleva sufrimiento o que si no está pendiente de nosotros las 24 horas del día es porque no nos quiere, son algunos de los ejemplos que jamás debemos seguir.

Pero, la dependencia emocional no es el único problema de la pareja de Connell y Marianne. Lo que de verdad hace que la mayoría de veces acaben rompiendo y su relación emane toxicidad por todos lados, es la falta de comunicación. Por que cuando de verdad estás a gusto con alguien nunca sobran las palabras, “sobre todo cuando se trata de emociones. Al comunicarnos le damos a la otra persona la llave hacia nuestros pensamientos, así nos puede comprender o al menos intentarlo. Sin palabras, todo son interpretaciones y eso da pie a errores y conflictos” completa Sara Ochoa.

Amar a alguien nunca es suficiente para estar con esa persona. Porque “una relación debería cimentarse en la confianza, la intimidad, el compromiso y la pasión. Todas las relaciones pueden ser válidas si nos sentimos bien en ellas, en seguridad, y si se basan en el consenso, para lo cual hay que hablar y hablar, constantemente” concluye la psicóloga Ochoa.

Dejemos de idealizar relaciones que se basan en toxicidad, falta de confianza y de comunicación. Dejemos de excusarnos y de excusar todas aquellas situaciones que solo nos generan dolor y sufrimiento. Porque antes de nadie estamos nosotros. No somos los héroes de la película que tienen que salvar al mundo.


Ana Díaz Barranco

Madrileña y oficialmente periodista. Escribo sobre arte y cultura, la mayoría de las veces, pero desde que descubrí psico no he vuelto a mirar atrás. Porque como decía Voltaire "La escritura es la pintura de la voz". Y que mejor voz que la nuestra para dar a conocer todos aquellos problemas y cuestiones de la vida que rondan nuestra cabeza.