Flores, lunares y telas al viento. Poetas y cantaores malditos tras la picadura ardía y carismática de ese «duende». Peinados bajos y pendientes grandes. Perlas y oro. Flores en las paredes, patios y vestidos. Alegrías, bulerías y tangos. ¿Qué tiene la moda flamenca? Que nos mata y nos da la vida…

Buenas tardes, urbanita. Hoy, desde mi cuna del sur, te hago saber que es el día de Andalucía. Aunque esta cuna me ha criado y enseñado, ha logrado enamorarme más: de sus tradiciones, manera de hablar, de sentir y hasta de vestir.

Porque si no fuera andaluza, siempre digo que soñaría con serlo. Por eso, con motivo de arte, de inspiración y pasión, quiero mostrar lo que «nuestro mundo» ha dejado ver. Ya que el artista, no es el que mejor lo hace, sino el que más transmite.

# Moda Flamenca: ¡Qué arte tienes!

Pensar que solo en una feria se ven motivos flamencos es tan equívoco como el cliché de «no saben hablar». Unos volantes, unas flores en el pelo y una copa de fino no es moda flamenca, es tradición.

Pese a los orígenes más hindúes que dieron forma al flamenco, (aunque hay miles de influencias más), se ha hecho un hueco en la moda y en el estilo de vida de quien decida domarlo y llevarlo por la calle. Una cosa es llevar un vestido de gitana y otra ponerle arte y flamencura a lo que llevas diariamente.

¡Ay de las perlas y los oros! Motivos brillantes que dan alegría a un outfit. Pendientes que adornan cualquier look. Labios coral y mangas abullonadas, tan de moda.

Pero el mejor complemento para sacar tu lado más puro no se lleva por fuera, se lleva por dentro. Una sonrisa, ir a la taberna, disfrutar de un tablao, de los amigos y dar de lo poco (o mucho) que se tenga. Y eso, no es moda. Eso es rito y duende.

# La flamencura pa las pasarelas

Si hasta Dolce & Gabanna hicieron una colección inspirada en esto (Primavera/Verano 2015), urbanita. Y déjame decirte que la adoro. Los italianos de esta Casa quisieron transmitir las costumbres que se escondes en los patios andaluces, cuando nadie te ve y las señoras mayores se reúnen con sus familias. Con un fondo de cante y toque. El arte casero.

«Fue una oda a la moda flamenca desde los primeros acordes de guitarra hasta el momento final. Los creadores italianos han retratado a España a través de volantes, maxivestidos de lunares y una infinidad de bordados e incrustaciones de imaginería católica.»

Deja plasmado la redactora Mónica Parga, desde Madrid. Para su artículo en el diario El País en formato digital. Y quiero aportar sus investigaciones a esta querida columna:

«Modistos como Jean Paul Gaultier o Gianfranco Ferré en Christian Dior se han servido del flamenco y la tauromaquia para ornamentar sus colecciones. Desde la belga Ann Demeulemeester hasta la casa francesa Balmain, pasando por Moschino. Incluso Jeremy Scott se ha atrevido a diseñar una chaqueta de torero para Adidas. Pero para couturiers dedicados a este estilo, John Galliano. Cómo olvidar la vez que salió a saludar en uno de sus desfiles enfundado en un traje de luces.»

Hay otros grandes, con casa andaluza que también tienen su nombre y espacio en las pasarelas. Pero este tema lo dejaremos para más adelante.

# El duende

El duende no se busca, no se entiende al 100%, no entiende de riendas porque va suelto y libre. Va solo. Y a veces, te pica sin darte cuenta. Cuando te conmueves por un cante que llora, por una bailaora o por los primeros acordes de una guitarra.

El duende no entiende de enemistades, ni de odio, solamente de reuniones en las que todos son amigos, donde reina el arte y las risas. El duende es la primera vez que te sale de dentro pedirle a tu madre que te haga o te compre un vestido de gitana. Es ver con los ojos de la pasión y de la facilidad cualquier situación nueva.

Es Federico García Lorca enseñando a sus colegas de letrillas un Romancero Gitano y aproximando esta tradición y magia al mundo de la literatura. Es la oscuridad tan bonita del pincel de Juan de Valdés. Es una gitana con el pelo y los ojos negros seduciendo con sus movimientos.

Es que… ¿Qué te digo yo a ti? Que si no fuera andaluza, me moriría por serlo, amigo. Ojalá el duendecillo os deje una marca a vosotros también. Porque si viene, ya no se quiere ir.


Carla Pérez Martínez