El lenguaje suele ser un reflejo de la cultura de la población que lo comparte. En una sociedad machista como es en la que vivimos, no es de extrañar que nuestra forma de comunicarnos también lo sea. ¿Hay solución? ¿Necesitamos un cambio? Sí, empezando por tener presente el lenguaje no binario.

Desde que empezamos a estudiar Lengua Castellana en el colegio, nos damos cuenta rápidamente de una cosa, una de las grandes ordenaciones es según el género: adjetivos, sustantivos, determinantes… Prácticamente todas las clases de palabras tienen inflexiones derivadas de género y número. Cuando somos pequeños no nos damos cuenta, pero al momento de empezar a estudiar otra lengua, no derivada del latín, como el inglés, considerada más “neutra”, empezamos a preguntarnos si realmente las cosas tienen o no un género inherente.  Para un angloparlante, es muy difícil comprender por qué “cabeza” es femenino y “pelo” masculino.

Este sistema binario se fundamenta en la creencia de que tan solo existen dos géneros: femenino y masculino

¿Quién decidió el género de las cosas inanimadas? Es algo que, en gran parte viene de nuestra lengua madre (el latín). Sin embargo, el tema que nos trae hoy aquí es el género de las cosas animadas, concretamente, de las personas. Nuestros pronombres en tercera persona conforman un sistema binario, es decir, dos agentes, tenemos: él y ella. Queda una ligera reminiscencia de lo que fue un género neutro, un “ello” que vemos aún en ciertos aspectos de nuestra gramática, por ejemplo, en los determinantes demostrativos: este, esta, esto.

Al igual que es una falta de respecto dirigirse a alguien por el género que no le corresponde, un lenguaje inclusivo debería tener en cuenta este aspecto, y proporcionar una opción válida

Este sistema binario se fundamenta en la creencia de que tan solo existen dos géneros: femenino y masculino. Hoy en día, y sin que sea algo nuevo, hemos empezado a ser más conscientes, gracias a la visibilización de estos colectivos,  de que hay personas que no se identifican con ninguno de estos, son personas no binarias. Al igual que es una falta de respecto dirigirse a alguien por el género que no le corresponde, un lenguaje inclusivo debería tener en cuenta este aspecto, y proporcionar una opción válida.

En el lenguaje no binario se usa mayormente los morfemas «x» y «e» como determinantes de esta distinción, dependerá de cada autor, dado que la Real Academia Española no recoge todavía ninguna apreciación sobre un cambio como este, y mucho menos una regulación adecuada. Por ejemplo: «todes somos amigues».


Celia MI