Comprar un producto de belleza es como aceptar una cita a ciegas. Arriesgado. Afortunadamente, hoy existen las muestras.

Comprar un producto, sobre todo online, sin haberlo probado primero y especialmente si se trata de un producto de belleza, es como aceptar una cita a ciegas. Arriesgado. Afortunadamente, hoy existen las muestras.

Una herramienta muy apreciada que nos permite probar cremas, lociones, tónicos, y todo tipo de productos cosméticos antes de comprarlos.

Las muestras, sobre todo en esta «nueva normalidad» que vivimos y el consiguiente incremento de las compras online, se han convertido en una herramienta indispensable y gratificante que nos orienta hacia una compra más prudente y consciente: la compra empieza por las muestras –regaladas y a veces incluso compradas–, lo que nos permite probar un producto y asegurarnos de que se adapta a nuestras necesidades, evitando así compras imprudentes e incorrectas. El objetivo: comprar menos y mejor.

El objetivo: comprar menos y mejor

Esta brillante intuición fue idea de la única mujer incluida en el ranking de las 20 personalidades emprendedoras más influyentes del siglo XX, elaborado por la revista Time en 1998: Estée Lauder.

Atraída desde la infancia por el sector de la belleza y criada en la tienda de su tío entre los cosméticos que producía él mismo, Estée Lauder –la primera en crear una línea de cuidado de la piel de lujo– fundó uno de los imperios cosméticos más famosos del mundo.

«Todas las mujeres merecen un poco de lujo en la vida»

La suya es una historia de talento, de un don para los negocios y la innovación, y de una capacidad de comunicación innata.

Fundó su imperio cosmético en la cocina de su casa; allí preparaba las cremas que luego vendía a los salones de belleza de Manhattan, y revolucionó las técnicas de venta introduciendo dos conceptos muy innovadores: el contacto con el cliente y la muestra de regalo, una especie de agradecimiento por la compra realizada, diseñado para permitir a las clientas probar otros productos.

«Quiero mostrar a tantas mujeres como sea posible, no solo cómo estar bellas, sino también cómo mantenerse hermosas»

Corría la década de 1930 y nacía así una de las estrategias de marketing más simples y efectivas. Las muestras, con su pequeño formato, se han convertido a lo largo de los años en una piedra angular de las compras de belleza. Han permitido a las empresas dar a conocer sus productos a los consumidores y a estos últimos descubrir otros nuevos, o simplemente recibir un gratificante obsequio al realizar una compra. 


Eleonora Montanari